Sabato y el Tango
Agosto 23, 2008 por admin
Archivado en Arte y Ecología
Por Diego Flores
Si bien el tango ya era parte de mi vida (fundamentalmente a traves Piazzolla), con mi esposa irrumpió como inundación dejándome, entre muchas cosas, una autentica devoción por Villoldo, Troilo y el exquisito vuelo filosófico de sus más grandes poetas.
Curioso, fui tomando de su biblioteca muchos títulos, en una búsqueda de entender este suceso cultural casi único en el mundo. Entre esos libros existe uno que realmente me impresionó, y al que leo y releo con fruicción atávica: “El Tango” de Horacio Salas. Una obra, a mi juicio, imprescindible por su auténtica exploración de los orígenes de nuestra música ciudadana, que es algo así como una exploración hacia el entendimiento del ser porteño (hoy, cuasi argentino).
En ella encontramos, brillando como explosión de supernova, un ensayo preliminar de Ernesto Sabato “Tango, Canción de Buenos Aires” compuesto por 5 puntos: Hibridaje, Sexo, Descontento, Bandoneón y Metafísica.
Aquí comparto el punto 3, como una forma de entender, a través del tango (y por carácter transitivo del arte), la quintaesencia que define al porteño y a su ciudad como lo que realmente es…
3-Descontento
Este hombre tiene pavor al ridículo y sus compadradas nacen en buena medida de su inseguridad y de su angustia de que la opinión de los otros pueda ser desfavorable y dudosa. Sus reacciones tienen mucho de la histérica violencia de ciertos tímidos. Y cuando infiere sus insultos o sus cachetadas a la mujer, seguramente experimenta un oscuro sentimiento de culpa. El resentimiento contra los otros es el aspecto externo del rencor contra su propio yo. Tiene, en suma, ese descontento, ese malhumor, esa vaga acritud, esa indefinida y latente bronca contra todo y contra todos que es casi la quintaesencia del argentino medio.
Todo eso hace del tango una danza introvertida y hasta introspectiva: “un pensamiento triste que se baila” (Discépolo). A la inversa de lo que sucede en otras danzas populares, que son extravertidas y eufóricas, expresión de algazara o alegremente eróticas. Solo un gringo puede hacer la payasada de aprovechar el tango para conversar o para divertirse.
El tango es, si se lo piensa bien, el fenómeno mas asombroso que se haya dado en el baile popular.
Algunos arguyen que no siempre es dramático y que, como todo porteño en general, puede ser humorístico; queriendo significar, supongo, que la alegría no le es ajena. Lo que de ningún modo es exacto, pues en todos los casos el tango es satírico, su humorismo tiene la agresividad de la cachada argentina, sus epigramas son rencorosos y sobradores:
Durante la semana meta laburo,
y el sábado a la noche sos un bacán,
Es el lado caricaturesco de un alma sombría y pensativa:
¡Si no es pa suicidarse
que por este cachivache
sea lo que soy!
Un napolitano que baila la tarantela lo hace para divertirse; el porteño que se baila un tango lo hace para meditar en su suerte (que generalmente es grela) o para redondear malos pensamientos sobre la estructura general de la existencia humana. El alemán que ahíto de cerveza da vueltas con música del Tirol, se ríe y cándidamente se divierte; el porteño que no se ríe ni se divierte y, cuando sonríe de costado, ese gesto grotesco se distingue de la risa del alemán como un jorobado pesimista de un profesor de gimnasia.
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